El curioso caso de los mutantes sanguíneos (por favor, no intente hacer esto en su casa si usted no es uno de ellos)

detective fumando

En un caso de ribetes detectivescos, un equipo multinacional resolvió el misterio detrás de la recién descubierta hemoglobinopatía de Kirklareli.

Rice University/Cluster Salud/Rodrigo Lara Serrano. Hay por lo menos dos persona en el mundo para quienes fumar tiene un efecto beneficioso. Son mutantes y, como buenos mutantes, no lo sabían. Tranquilo, lector o lectora, ellos no disponen de alas desplegables en la espalda y tampoco, si se enojan, echan –literalmente– fuego. La suya, como la mayoría de las mutaciones verdaderas, es microscópica e invisible a simple vista.

Quizás por ello descubrirla no fue simple: se requirió una colaboración internacional de científicos alemanes y franceses, dirigidos por el bioquímico John Olson, de la Universidad de Rice, en EE.UU., para averiguar de qué se trataba el asunto.

Todo partió con un misterio. Una joven tenía anemia y su padre no. Hasta aquí nada raro. Hay muchos casos así.

Después de descartar causas comunes como la pérdida de sangre, la gastritis o los defectos congénitos, sus doctores fueron lo bastante curiosos sobre la enfermedad para llamar a Emmanuel Bissé, un investigador en el Instituto de Química Clínica y Medicina de Laboratorio de la Universidad de Friburgo. Él fue quien descubrió la mutación después secuenciar el ADN de la joven.

Resultó que tanto la mujer como el padre compartían la misma mutación en el gen que codifica la hemoglobina. Ésta es la proteína de los glóbulos rojos responsables de tomar y suministrar oxígeno a las células alrededor del cuerpo. Y la que le da el color a la sangre.

Kirblareli

La mutación es una de las más de 1.000 descubiertas hasta ahora en la hemoglobina humana adulta. La mayoría parece no tener ningún efecto en las personas, pero -cuando ocurren problemas médicos- la enfermedad se denomina hemoglobinopatía y a menudo lleva el nombre de la ciudad o el hospital donde fue descubierta. En este caso, aunque la familia vivía en Mannheim, Alemania, como el padre nació en la ciudad turca de Kirklareli se le dio ese bautizo.

Volviendo al punto: ella tenía la mutación y sufría de anemia, el tenía la mutación y no tenía nada de anémico. Es decir, la mutación Kirklareli  no afectaba el contenido de hierro de la sangre del hombre, pero sí parecía ser la causa de la anemia crónica de la joven.

Los investigadores se preguntaron qué podría proteger al padre de los efectos de la mutación: ¿el estilo de vida?, ¿la dieta?, ¿otro inesperado factor genético? Como en un puzle comenzaron a sacar y poner piezas en el hueco vacío. Nada parecía funcionar.

Era para desanimarse.

No obstante, al igual que en el mítico caso detectivesco creado por Edgar Allan Poe en “La carta robada”, la solución estaba a frente a sus ojos. En realidad, frente a sus narices: el padre fumaba. Para sorpresa de todos resultó que lo que salvaba al hombre de la anemia era el humo del cigarrillo. En realidad algo que estaba (y está) en el humo. Y no un elemento escaso y desconocido. No, era golpear al bulto: el monóxido de carbono.

La explicación en detalle (pueden saltársela lo que tengan fobia a nombres raros y “bioquímicos”) es la siguiente: La mutación está en la subunidad alfa de la hemoglobina humana (H58L) y hace que ésta se auto-oxide rápidamente, lo que deriva en que la proteína se desintegre, pierde su heme y precipite. Como resultado, la proteína deja de ser capaz de transportar oxígeno. Eventualmente, dijo Olson, las células rojas se deforman y destruyen.

“Fumar es bueno para ti”

Pero, ¿y qué tiene que el monóxido de carbono con todo esto? Sorprendentemente, esta misma mutación da a la proteína una afinidad 80.000 veces mayor para el monóxido de carbono que para el oxígeno. Así, el monóxido de carbono de un cigarrillo será tomado selectivamente por la hemoglobina mutante, lo que evitará que se oxide y desnaturalice. Esta alta afinidad por el monóxido de carbono explicó por qué el padre no mostró signos de anemia, dijo Olson.

“Puede que nunca sea un atleta porque su sangre no puede transportar tanto oxígeno, pero fumar le ha impedido ser anémico”, agregó. Por si fuera poco, “hay un beneficio secundario: las personas con este rasgo son más resistentes a la intoxicación por monóxido de carbono”.

Olson dijo que no sabe cómo o si los médicos trataron a la joven. Ni siquiera sabe su nombre. Pero sospecha que su anemia deficiente en hierro era más una molestia que una amenaza para su vida y que no recomendaría que empezara a fumar para aliviarla.

“Ella no debe fumar”, dijo. “Pero podría tomar antioxidantes, como una gran cantidad de vitamina C, lo que ayudaría a prevenir la oxidación de su hemoglobina mutante. Su anemia no es tan grave. Al mismo tiempo, ella no debe preocuparse demasiado sobre el humo de segunda mano, el cual podría tener en su caso un efecto positivo”.

Más investigaciones adicionales, algunas con modelos altamente sofisticados y de largo aliento, revelaron todavía más en detalle cómo la absorción de monóxido de carbono del humo del cigarrillo es terapéutica para aquellos con este raro trastorno genético. Y lograr describir con exactitud todos los pasos bioquímicos del proceso.

El efecto causado por la anemia Kirklareli, aunque inusual, no es único. “Hay otra mutación del “fumar es bueno para ti”, recordó Olson, recordando un descubrimiento en Zurich a finales de los 70 y principios de los 80. Ese caso reflejaba el mismo espíritu de colaboración que el que permitió resolver el actual. En ese entonces, mientras que los investigadores que buscaban respuestas buscabaron la ayuda del Premio Nobel Max Perutz, cuyo trabajo pionero en estructuras de la hemoglobina le ganó el premio en 1968. Olson mismo sirvió como revisor en algunos de los papeles para la hemoglobinopatía de Zurich en los años 80. Por ello. “este tipo de colaboración es cómo la ciencia y la medicina deben trabajar juntas”, concluyó.

Es la moraleja central de esta historia. Pero también hay una recomendación, o moraleja secundaria, que hay que hacer: no use esta historia para ir a su casa y consumir drogas al azar, en busca de neutralizar alguna mutación desconocida que usted, como todos nosotros, podría tener. En particular porque puede ocurrir a la inversa: algunas, escasísimas, mutaciones, son buenas. En tal caso, al drogarse la estaría arruinando: como a todo el resto de su organismo que, precisamente por tener uno a dos millones de años de evolución testeando mutaciones, anda bastante bien.