De antirretrovirales y patentes en México

Por Maribel Ramírez Coronel, Periodista en temas de economía y salud para El Economista.
Maribel R. Coronel

En el paquete de medicamentos genéricos y biocomparables anunciado por las autoridades de la Secretaría de Salud y la Cofepris hay uno que destaca por diferentes razones.

Se trata de lopinavir. Es un antirretroviral que en su momento, por ahí del 2001 cuando lo lanzó la farmacéutica estadunidense Abbvie -con nombre de marca Kaletra-, fue el que hizo la diferencia para que el VIH/Sida dejara de ser mortal. Se convirtió en la estrella de Abbott, pues le redituó en ventas por más de US$ 1.500 millones anuales.

Es un inhibidor de proteasa (puede impedir que un virus haga copia de sí mismo) que, combinado con otro -ritonavir para potencializarlo-, dio esperanza de vida a personas que viven con VIH/Sida, sobre todo a aquellas que al desarrollar resistencias a otros medicamentos se habían quedado sin opciones de tratamiento.

El medicamento desde un principio demostró no sólo ser muy seguro, sino bien tolerado por sus efectos adversos mínimos y su efectividad para reducir la carga viral. El problema es que Abbvie, como dueña de Kaletra, ha buscado en tribunales la manera de estirar su patente, aun cuando ya culminó su plazo de 20 años de exclusividad de venta como premio a sus inversiones destinadas a investigación y desarrollo.

Esa exclusividad permite a las farmacéuticas vender sus productos a precios muy altos. En Estados Unidos Kaletra se llegó a vender hasta en US$ 4.000 la terapia de un mes. Las presiones en todo el mundo para que Abbvie redujera el precio antes de culminar la patente han sido fuertes.

El genérico -o en este caso el biocomparable- es primordial pues los sistemas de salud pública en todo el mundo están colapsando por el elevado precio de terapias vitales.

El punto es que es muy positivo que la Cofepris, que lleva Julio Sánchez y Tépoz, haya emitido el registro de la versión genérica de ritonavir, pues podrá adquirirse a mejor precio.

Algo evidente es la buena coordinación entre Sánchez y Tépoz como titular de la Cofepris, con su antecesor Mikel Arriola, ahora como cabeza del IMSS que organiza la compra consolidada. Entre ambos van definiendo los genéricos y biocomparables más necesarios. De hecho desde la última compra consolidada en diciembre pasado ya se incluyó el genérico de Kaletra y se hizo oficial como parte del quinceavo paquete de 49 nuevos genéricos.

Estrategia para ahorrar en VIH/Sida


En lo relativo a VIH/Sida -que en México es una enfermedad cubierta a 100% por el sector público-, es claro que ha habido una estrategia enfocada en generar ahorros. Primero, la Cofepris ha emitido registro a siete nuevos innovadores utilizados para tratamiento de VIH del 2012 a la fecha.

Luego, mediante la autorización de nuevos genéricos, se ha empujado el precio hacia abajo. Por ejemplo, para adquirir el antiviral lamivudina -cuya patente de la inglesa GSK venció en el 2012- el sector salud mexicano gastaba hace cinco años hasta 7 millones de pesos (US$ 384.200) mensuales. En la actualidad lo proveen 10 empresas y el monto destinado es de 1 millón de pesos (US$ 54.880).

Para abacavir, un antiviral que cuenta con tres competidores genéricos en el mercado -el de referencia es igual de GSK-, el sector salud mexicano ha logrado reducir su precio alcanzando ahorros de 23.7 millones de pesos (US$ 1,3 millones) en cinco años.

Con el antiviral saquivanir, el diferencial de precio al que se adquiere hoy respecto al 2014, cuando venció la patente, que era de la farmacéutica suiza Roche, ha derivado en ahorros de 36.7 millones de pesos (US$ 2 millones). Claro que a las farmacéuticas proveedoras esta estrategia no les gusta nada pues les implica menores ingresos.

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