Por fin, sí a la marihuana médica en México

Por Rubén Aguilar Valenzuela, Asesor Político para El Economista.
Rubén Aguilar Valenzuela

El pasado 28 de abril, la Cámara de Diputados, por una gran mayoría, aprobó la legalización-regulación de la marihuana con fines médicos. Es un paso adelante en la dirección correcta. Es victoria de la sociedad en su conjunto y en particular de los líderes sociales que por años han venido trabajando porque esto se hiciera realidad.

Con esta decisión se modifican la Ley General de Salud y el Código Penal Federal. Ahora se acepta el cultivo en el país con fines de investigación y también para la elaboración de medicamentos derivados de la marihuana. Se contempla también, ya sucedía para casos particulares, la importación de medicamentos.

Con esta aprobación los sectores más conservadores del gobierno y los partidos quedan rebasados. Más de 80% de la sociedad aprueba la legalización de la marihuana médica. El documento surge de una iniciativa que el presidente de la República manda al Congreso en abril del 2016.

El dictamen afirma que “la siembra, cultivo o cosecha de plantas de marihuana no será punible cuando estas actividades se lleven a cabo con fines médicos y científicos, en los términos y condiciones de la autorización que para tal efecto emita el Ejecutivo”. Ahora falta por diseñar y aprobar las leyes reglamentarias.

Toca a la Secretaría de Salud (SS) otorgar la autorización para poner a la venta, en farmacias, los productos medicinales derivados de la marihuana. Toca al Consejo de Salubridad General, a partir de los resultados de la investigación nacional, conocer el valor medicinal que lleve a la producción de los fármacos que se deriven de la marihuana.

Las autoridades, por años renuentes, terminaron por reconocer, a través del Consejo Nacional Contra las Adicciones, cuyo titular se había manifestado abiertamente en contra de la legalización-regulación, que la marihuana tiene claro potencial terapéutico para ayudar a tratar el cáncer, sida, glaucoma, esclerosis y algunas formas de epilepsia.

La decisión de los legisladores termina con años de franco oscurantismo que se negaba a reconocer, aunque estuviera probado por la ciencia, el valor de ciertos derivados de la marihuana para tratar los efectos de determinadas enfermedades. En Estados Unidos, ya la mitad de sus estados tiene legalizada-regulada la marihuana médica.

Esta aprobación va a impedir, para siempre, el calvario que han tenido que vivir familias, para obtener de las autoridades médicas el permiso para importar medicamentos derivados de la marihuana, para que sus familiares disminuyan sus sufrimientos y tengan una mejor calidad de vida.

La medida abre el espacio a la investigación científica, en los hechos estaba prohibida, y a la creación de una industria nacional que desarrolle medicamentos derivados de la marihuana. Genera también la oportunidad para que los agricultores se dediquen a su cultivo en forma legal.

En este caso particular, el diseño de las leyes reglamentarias es muy importante. Se trata no sólo de dar lugar a una nueva actividad médica, científica, industrial y comercial sino cerrar el espacio al abuso y la arbitrariedad de las autoridades, sobre todo de las policiales, que por años han medrado con la prohibición.

En medio del ruido político, de los escándalos de corrupción, de la impunidad de quienes quebrantan la ley, de políticos que huyen y se esconden, para evadir la justicia, pasa casi desapercibido este avance de carácter histórico, que sí contribuye a cambiar al país. Es una lástima, pero la realidad, con todo, se hará valer.

 

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