Colocar un catéter en una vena o extraer sangre: ¿Cuál es más doloroso?

Miércoles, 24/01/2018
Un estudio de investigadores de la Universidad del País Vasco, analiza la percepción del dolor para mejorar la toma de decisiones ante una intervención sanitaria y mitigar el efecto agudo de las principales técnicas de enfermería en los servicios de urgencias.
SINC

Mitigar el dolor de las principales técnicas de enfermería en los servicios de urgencias. Ese es el objetivo de un estudio, liderado por Sendoa Ballesteros, Gorka Vallejo e Irrintzi Fernández, investigadores de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), que analiza la percepción del impulso doloroso para mejorar la toma de decisiones ante una intervención sanitaria.

El trabajo, llevado a cabo por el grupo de enfermería DIASURE, se realizó en 820 pacientes de entre 18 y 85 años (456 hombres, un 51,8%; y 425 mujeres, un 48,2%) que acudieron a los servicios de urgencias del Hospital Galdakao-Usansolo y el Hospital Universitario Basurto.

Junto con la temperatura, el pulso, la presión sanguínea y la frecuencia respiratoria, el dolor es uno de los signos vitales tenidos en cuenta en una primera exploración sanitaria

Los resultados, publicados en la revista Enfermería Clínica, subrayan que las extracciones de sangre arterial para gasometría provocan un dolor moderado y las colocaciones de catéteres venosos periféricos un dolor leve. 

El dolor está considerado como el quinto signo vital. Es decir, junto con la temperatura corporal, el pulso, la presión sanguínea y la frecuencia respiratoria, es uno de los signos vitales que son tenidos en cuenta en una primera exploración sanitaria.

Sin embargo, al ser un factor subjetivo es muy difícil de medir. Por esta razón, el equipo ha optado por preguntar abiertamente a las personas para valorar el dolor iatrogénico (el derivado de la atención sanitaria) que, en general, suele estar infravalorado.

El estudio ha durado seis meses (de enero a junio de 2017) en los servicios de urgencias de los hospitales, cada uno de los cuales ofrecen cobertura sanitaria a una población superior a 300.000 habitantes. En ese tiempo se colocaron 780 catéteres venosos y se extrajeron 101 muestras de sangre arterial para medir los niveles de oxígeno, dióxido de carbono y concentración de bicarbonato (gasometrías).

El dolor fue cuantificado mediante la aplicación de Numeric Pain Rating Scale (NRS-11), que otorga un valor entre el 0 y el 10 al dolor autopercibido (0 es la ausencia de dolor, 10 el más fuerte imaginable). Ya está estipulado que dolores superiores a la escala 3 no deberían ser aceptados. Estas técnicas sanitarias fueron realizadas por enfermeras con más de cinco años de experiencia profesional en el servicio.

El catéter menos doloroso que la extracción de sangre

Las inserciones de catéteres en vena tuvieron una puntuación media de 2,8 en la escala NRS-11, y las gasometrías fueron percibidas como más dolorosas (3,6 en la misma escala). El nivel de dolor iatrogénico se asoció a la dificultad técnica media o alta del procedimiento, a la elección de la arteria humeral en lugar de la radial en las gasometrías y se correlacionó con el dolor basal en las venopunciones.

Como explica Sendoa Ballesteros, profesor de Enfermería de la UPV/EHU y enfermero asistencial del servicio de urgencias del Hospital de Basurto, “existen diferencias según la dificultad de la técnica sanitaria empleada y localización de la punción (muñeca o la altura de la flexura del codo o fosa antecubital). Es más dolorosa la gasometría cuando se realiza sobre la arteria humeral a su paso por la fosa antecubital, que sobre la arteria radial en la muñeca. Esta diferencia puede explicarse porque en la anatomía humana la arteria humeral está en un nivel más profundo que la radial”.

Otras variables como el sexo, la edad o la procedencia no influyen en la percepción de la intensidad del dolor.

Tampoco el calibre de la aguja empleada parece afectar, “aunque es verdad que los resultados pueden variar dependiendo de la experiencia que tenga la persona encargada de realizar la punción –apunta Ballesteros–. En nuestra investigación ha participado personal con una amplia experiencia profesional”.

“Un mayor conocimiento de los efectos dolorosos derivados de cada procedimiento de enfermería durante la asistencia en urgencias y de los factores que se asocian a la autopercepción del mismo podría ayudar a determinar cuándo y cómo debería intervenirse para mitigar este efecto indeseado”, concluye el estudio.

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