La historia tras una operación bariátrica exitosa en Uruguay

Lunes, 30/10/2017
La operación es la única salida para muchos pacientes obesos para mejorar su calidad de vida.
El Observador

Era 1º de mayo de 2017 y Shirley Moraes, de 61 años, estaba en la sala de cirugía del hospital Maciel. En pocos minutos iban a realizarle la cirugía bariátrica, para disminuir el tamaño del estómago y que le permitiera adelgazar. Empezó a engordar a los 38 años y no paró. Mide 1,65 metros y llegó a pesar 136 kilos. Recuerda con bronca cuando la médica le dijo que no era gorda, que era obesa mórbida.

"Cuando te mirás al espejo, te asustás", confesó Shirley días antes de operarse. Sabía que una cirugía era su única alternativa, porque hizo dietas toda su vida. Siempre comió más de lo que debía, pero en ese momento previo a la operación se cuestionó qué había hecho todo ese tiempo y se mostró arrepentida de no haber reaccionado antes.

Debido a la obesidad empezó a tener diabetes –y a depender de la insulina–, a tomar medicamentos para la presión, a sufrir infecciones y problemas respiratorios, sus rodillas comenzaron a sentir el peso excesivo y se agudizaron los problemas. Lo mismo ocurrió con la cadera.

La primera visita de El Observador fue en abril, cuando todavía pesaba casi 130 kilos. Caminaba dentro de su casa y su respiración se agitaba, además de renguear con una de las piernas. Daba pocos pasos y una silla, una mesa o una pared le servían de apoyo para descansar. Solía no salir de su casa, porque se sentía observada. Y, cuando lo hacía, trataba de no mirar a los costados para creer que los demás no la veían.

"Te sentís como una mole pasando y pechando a todo el mundo", dijo. Eso la llevó a pasar años sin tomarse ómnibus porque "no están preparados ni para una persona con un poco de sobrepeso". Los asientos son tan chicos que incluso conoce personas obesas que deben pagar por dos boletos para poder sentarse, cuando viajan en un interdepartamental.

US$ 3.500, solo en insumos, es lo que cuesta una cirugía bariátrica a través de ASSE, para disminuir el tamaño del estómago. No se incluye dentro de las prestaciones gratuitas.

Pero lo que más sufre es haber pasado años sin poder jugar con sus nietos, llevarlos a la playa o acompañar a su esposo a caminar. "Perdí oportunidades en la vida por esto. Me animo a decir que no solo yo estoy perdiendo, estoy haciendo perder a mi esposo", dijo, sin poder contener las lágrimas.

Por esa razón, en junio de 2015 comenzó a tratarse con un equipo multidisciplinario en el Hospital Maciel, que se especializa en obesos mórbidos y los prepara para la cirugía. Hay nutricionistas, internistas, una psiquiatra, una diabetóloga y cirujanos.

"Tenés que operarte la cabeza antes que el estómago. El estómago es un músculo, si vos lo trabajás, vuelve a crecer. Comer es una enfermedad como cualquier vicio", dijo Shirley, convencida. "Sabés que no tenés que estar comiendo a veces, pero es más fuerte que vos, igual que las drogas", agregó.

La operación


Dos años después de ese 2015 en el que empezó a tratarse en el Maciel estaba acostada en una camilla con anestesia general. Los cirujanos se aprontaban, mientras en la sala se escuchaba música clásica: se ponían bata, guantes, cubreboca, gorro y botas.

La cirugía la realizan por vía laparoscópica –con el abdomen cerrado– viendo a través de una cámara. Al realizar un by pass gástrico a un paciente, se achica su estómago y se acorta el intestino delgado. Eso deja a este órgano con una capacidad de entre 40 y 50 centímetros cúbicos y no solo provoca que les disminuya el apetito, sino también la absorción de nutrientes.

Sin embargo, son pocos los que pueden acceder a esta cirugía para lograr adelgazar, porque no está incluida dentro de las prestaciones de salud gratuitas. "La obesidad no está reconocida como una enfermedad. El único tratamiento efectivo que demuestra que el paciente baja de peso, se corrigen comorbilidades y los resultados se mantienen a lo largo del tiempo es la cirugía. Pero no la brinda el sistema de salud, porque no existe una ley de obesidad", dijo a El Observador el profesor titular de cirugía del hospital Maciel, Gustavo Rodríguez. Esto último es lo que la asociación Gordos Organizados reclama.

La cantidad de personas obesas en Uruguay es alarmante. Es el segundo país con las cifras más altas, luego de Chile. "Estimamos que en Uruguay como mínimo hay 80 mil obesos mórbidos", aseguró Rodríguez. Es por eso que en el Maciel tienen una lista de espera de pacientes que precisan operarse y deben esperar cerca de dos años para que llegue su turno.

80.000 obesos mórbidos hay en Uruguay, según estimaciones del hospital Maciel

Hacer suturas y nudos dentro del cuerpo –solo viendo una pantalla– requiere un entrenamiento especial, por lo que no es una operación que todos los cirujanos estén preparados para hacer. Esta cirugía cuesta US$ 3.500 solo de insumos, a lo que hay que sumarle los recursos humanos y los derechos de block.

Únicamente pueden realizarse la operación bariátrica los socios de ASSE que cumplan con los requisitos que establece el hospital Maciel (ver recuadro) o quienes tienen la posibilidad de pagar más de US$ 10 mil en centros privados como Cirugía Bariátrica Uruguay o la Clínica de Obesidad y Cirugía Bariátrica.

A pesar de que se trata de una cirugía muy costosa, estos gastos son recuperados en el corto plazo. "Está estudiado que entre los dos y tres años el sistema amortiza el gasto, porque el paciente obeso mórbido es muy caro. Requiere medicación: antihipertensivos, antidiabéticos. En general son pacientes jóvenes que le cuestan mucho al sistema por todas las comorbilidades asociadas a la enfermedad", explicó Rodríguez.

Mayo


A un mes de la operación, Shirley conoció la saciedad. El Observador volvió a visitarla y ella contó que "cambió todo". En ese momento ya no sentía hambre y tampoco vivía pendiente de la comida, algo que no le pasaba antes.

Era domingo y llovía, pero se rehusaba a cocinar tortafritas, porque se iba a tentar. Se sorprendió cuando logró no hacerlo. "Eso de no probar una cosa que hacés de comer me llamó la atención", dijo el 31 de mayo. Para ella fue "una señal de que las cosas cambian".

Su almuerzo y cena son 40 gramos de comida, lo que equivale al tamaño de una pelota de tenis de mesa. Cuando ve lo poco que es piensa que no le va a alcanzar, pero luego se da cuenta de que le sobra. "Tu cabeza te dice no te alcanza, pero después tu estómago te dice otra cosa", contó. Así, en mayo, había logrado bajar 10 kilos desde la cirugía. Ese descenso lo notaba al caminar, porque no le dolían tanto las caderas.

Setiembre y octubre

A cuatro meses y medio de la operación, puede decir que "uno de los alivios más grandes" fue que dejó de depender de la insulina y de uno de los medicamentos para la presión. También retomó el gimnasio y puede caminar sin problemas más de 10 cuadras.
La primera vez que El Observador visitó a Shirley, pesaba cerca de 130 kilos. Cuatro meses y medio después, el 19 de setiembre, había cumplido su primera meta: pasar a los dos dígitos. Pesaba 92. En octubre, este jueves 26, contaba cinco kilos menos, 87. Ahora tiene un nuevo objetivo: llegar a los 75 u 80 kilos.

La obesidad forma parte de las enfermedades crónicas no transmisibles, que son la principal causa de muerte en el país. Las personas que padecen obesidad tienen más posibilidades de contraer otras enfermedades, como cáncer, hipertensión arterial crónica, diabetes, problemas de colesterol, patologías de la columna, las rodillas o las caderas, todo como consecuencia del sobrepeso. "El paciente obeso vive promedialmente 10 años menos que el no obeso. Es una disminución muy significativa en términos de sobrevida", indicó Rodríguez.

Cinco meses atrás evitaba salir a la calle. "Ahora salgo con un poco más de gusto, puedo caminar. El otro día venía en el ómnibus y había un señor parado que estaba en los 140 kilos y yo ya tenía 40 menos. Pensar que si hubiese sido antes yo no podía sentarme", contó. Su consejo para otros obesos mórbidos es que "traten de salir a flote antes de llegar al fondo" y que "pidan ayuda".

Proyecto de ley

Plantea incorporar a la canasta de prestaciones la atención de esta patología, así como la obligatoriedad de que en todo el territorio se integren equipos de salud multidisciplinarios como el del Maciel, que atiendan la obesidad y sus patologías asociadas. El diputado del Partido Nacional Rodrigo Goñi también propone que haya equipamiento para personas de alto peso en todos los prestadores de salud del país.

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