Preservar la fertilidad entre los 25 y los 35 años aumenta las tasas de éxito

Viernes, 12/05/2017
La vitrificación de ovocitos en la técnica más usada cuando se decide posponer el embarazo, ya sea por motivos personales o médicos.
SINC

Retrasar la edad en la que una mujer decide ser madre se ha convertido, más que en una tendencia, en una realidad social. Aquellas que toman la decisión de tener hijos suelen hacerlo más cerca de los 40 que de los 30 años por distintos motivos. Algunas incluso se ven obligadas a ello como consecuencia de ciertos tratamientos médicos.

Sin embargo, la naturaleza va por otro lado y se encarga de recordar que lo óptimo, a efectos biológicos, es tomar la decisión mucho antes.

"Una mujer de 40 años apenas tiene óvulos buenos para gestar un niño sin fallos reproductivos o cromosómicos"

Este escenario ha convertido a la vitrificación de ovocitos en la técnica más usada cuando se decide posponer el embarazo, ya sea por motivos personales o médicos. De hecho, nació como método de preservación de la fertilidad para aquellas mujeres que iban a someterse a una cirugía de ovarios o a tratamientos oncológicos.

No obstante, los profesionales de la reproducción asistida advierten que la edad a la que se congelan los óvulos es un factor de extrema importancia, tal y como han recordado durante las primeras sesiones del Congreso Internacional del IVI que celebra esta semana en Bilbao, España, su séptima edición.

La mujer nace con cerca de un millón de ovocitos, un número que comienza a disminuir antes de la pubertad, quedando entonces en unos 400.000. En cada ciclo menstrual ese número se reduce en 1.000.

“A partir de los 35 años, esta reserva ovárica ya está en casi el 10 % del total y la calidad de los óvulos es peor. Nos encontramos con que una mujer de 40 años apenas tiene óvulos buenos para gestar un niño sin fallos reproductivos y o cromosómicos”, asegura el profesor José Remohí, copresidente y fundador de Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI).

Menor efectividad a partir de los 35 años


El método consiste en congelar los óvulos y mantenerlos en condiciones óptimas para que la mujer pueda usarlos cuando ella decida en el futuro. Los avances en este campo han conseguido unas tasas de supervivencia de los ovocitos del 90%.

“La vitrificación es un método simple que ha revolucionado la criobiología y se ha convertido en la llave de otras muchas técnicas en nuestras clínicas. Ofrece una tasa de éxito elevada y un coste accesible”, explica Juan Antonio García-Velasco, director de IVI Madrid durante su ponencia en el congreso. “Es una esperanza y una puerta abierta al control de la mujer sobre su tiempo, su cuerpo y su deseo, o no, de ser madre. Es el primer paso para la autonomía reproductiva femenina”, apunta.

Pero no hay que olvidar que la edad de la madre influye en todos los tratamientos de reproducción asistida y también en los de vitrificación. Aunque se pueden congelar los óvulos de mujeres mayores de 35 años, lo óptimo es preservarlos durante los 25 y 35 años, cuando aún conservan una mayor calidad.

“La edad es clave. Las  tasas de éxito de embarazo disminuyen cuando se ha vitrificado a una edad mayor, de igual modo que ocurre con ovocitos frescos”, explica Ana Cobo, directora de la Unidad de Criopreservación de IVI Valencia.

Fertilidad en pacientes oncológicos infantiles

Uno de los retos actuales a los que se enfrenta la comunidad científica en materia de medicina reproductiva es reducir y evitar los efectos secundarios que los tratamientos oncológicos provocan en la fertilidad de los pacientes infantiles. En ese sentido, se han mostrado los últimos avances en este ámbito, sobre todo centrados en aquellos niños que aún no han llegado a la edad fértil.

Los estudios presentados mostraban una mayor tasa de éxito en niñas que en niños. En ellas se ha usado principalmente la técnica de congelación del tejido ovárico. “Se han conseguido nacimientos en madres que tuvieron cáncer en su etapa infantil y preservaron la fertilidad. No son en España, pero es una esperanza para otros casos similares”, concluye García-Velasco.

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