La Iglesia Católica, enferma

Por Manuel Ajenjo para El Economista.
Manuel Ajenjo

Siempre que toco un tema concerniente a la Iglesia Católica no falta la llamada telefónica de un viejo condiscípulo que me reprocha ‘mi inquina contra el catolicismo’. Ya le he explicado que no es inquina ni malquerencia por la religión en la que fuimos educados. Por el contrario, la crítica a los malos ministros de la Iglesia, a sus imposturas e hipocresía, lo considero una obligación no sólo como usufructuario de un espacio en un medio de comunicación —el término periodista me queda grande— sino como católico que finalmente soy, puesto que fui bautizado. Si bien, en la actualidad mi relación con Dios carece de intermediarios.

El semanario Desde la fe, publicación semanal editada por la Arquidiócesis Primada de México AR, no le da crédito a persona alguna como redactora de los textos que contiene. En su Aviso Legal, se lee: “Los textos publicados en este sitio han sido, en su mayoría, elaborados por DESDE LA FE”. Este es el primer misterio al que se enfrenta el lector del opúsculo. No se escribe, se elabora. Ah, y se elabora así en ambiguo, sin determinar quién lo hace. Si fuera rompope podríamos decir que lo elaboran las monjas del Convento de Santa Clara. Pero siendo un folleto, el verbo elaborar no es el preciso. Los verbos exactos son redactar o escribir. ¿Lo escribe el cardenal don Norberto Rivera? ¿Lo redacta su vocero, el sacerdote Hugo Valdelamar? ¿Les echa un "palomazo" el Espíritu Santo?

El editorial del pasado domingo se tituló: Enfermo y violento. Se refiere a nuestro país y al problema que representa, entre los jóvenes, el uso y el abuso de las drogas.

Según la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016, existe un alarmante incremento en el uso de drogas ilegales entre los jóvenes, el cual se duplicó en cinco años. “Los números que encienden las alarmas dicen que en el 2016 hubo 888.800 jóvenes, de 12 a 17 años, que experimentaron con drogas”.

A continuación el texto nos hace saber que “el pasado 19 de junio fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el decreto que reforma y adiciona diversas disposiciones del Código Penal Federal y la Ley General de Salud para el uso medicinal de la marihuana” aquí el elaborador del escrito se anticipa y califica esto como “el primer paso de los defensores de la cannabis en su liberación total a fin de impedir la penalización por el uso lúdico y consumo personal, permitiendo su cultivo y comercialización”. (Ya lo da por hecho. Además el elaborador de la narrativa predice que México no está preparado para el uso medicinal de la cannabis porque la corrupción y la impunidad —productos típicos mexicanos— harán que la aplicación médica caiga en el mercado negro para hacer un lucrativo negocio).

Enseguida el elaborador del panfleto arremete contra el gobierno y “sus políticas de prevención del consumo de drogas que demuestran un fallo que no ha detenido esta caída libre”. (Aquí hubiera venido muy bien hacer una autocrítica sobre lo que ha realizado —elaborado— la Iglesia para la prevención de la drogadicción entre los jóvenes. Efectuar un acto de contrición en el que la institución se pregunte lo que ha hecho para atraer a las nuevas generaciones y motivarlas a practicar una religión que genere menos culpa y más devoción y caridad. Examinar si su liturgia y los encargados de darle orden están a la altura de los tiempos).

Pero no, en lugar de eso el elaborador del tratado aterriza toda la problemática en el terreno de lo que la iglesia considera prohibido . “Las acciones del Estado han soslayado el fortalecimiento de la familia, coadyuvando a la generación de modelos extraños, dinamitando esta institución fundamental que en gran medida es una escuela de prevención de adicciones. Por eso, concluye el escrito, “en nuestro triste horizonte se asoma un país enfermo y violento”. (Sería bueno hacer una encuesta: ¿cuántos de los jóvenes que hoy en día se drogan en México provienen de una familia tradicional?).

Dos días antes, el diario italiano Il Fatto Quotidiano informó que agentes de la policía italiana interrumpieron una orgía homosexual con drogas, en un apartamento en el palacio del Santo Oficio, situado en el interior de la Ciudad del Vaticano. El secretario del cardenal Francesco Coccopalmerio era el ocupante del lugar donde se llevaba a cabo la fiesta y lo encontraron totalmente intoxicado. La policía sospechó que algo ocurría, al observar una irregular ida y venida de personas hacia y desde el departamento. Decidieron investigar y descubrieron la ilegal celebración.

El secretario del cardenal Cocco-palmerio no debiera ocupar el departamento en el palacio del Santo Oficio debido a que esas viviendas son para personas de mayor jerarquía.

Las autoridades informaron que el prelado logró introducir las drogas en el Vaticano gracias a que tenía asignado un vehículo, BMW, con placas de la Santa Sede por lo que la policía nunca lo requisó cuando se paseaba por Roma. (Ningún periódico consultado dice el nombre del sacerdote. A mí se me ocurre llamarle el cura Palancas).

El cardenal Coccopalmerio ha salido perjudicado por este escándalo. En el Vaticano nadie le cree que no supiera nada, y según cuentan, solía trabajar con su secretario hasta bien tarde. Él mismo lo había propuesto como obispo de alguna diócesis. (Lo más cercana posible).

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